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Que se besen los novios

Nunca hubiese elegido Noviembre para casarme, supongo que tenía en mente el verano como la fecha ideal. Lo cierto es que ambos coincidimos en que no queríamos calor en la boda, lo más tarde que fuese Octubre! Cuando te pones a organizar la boda caes en aquello de que uno propone Dios dispone.

Tras hacerme la pregunta del millón, al día siguiente y aún en la nube, acordamos contactar con Catering Cinco y ver los espacios que disponían.  Lo conocíamos por que anteriormente mi hermano se había casado con ellos y estuvo todo de 10. Teníamos claro que con la comida no se juega y el catering a ciencia cierta era caballo ganador.

La Masía San Antonio de Poyo era el segundo sitio que visitábamos. Salimos los dos emocionados de allí, nos miramos y creo que no había nada más que hablar. La primera fecha libre la cogimos, hubiese sido inútil ver más opciones. Es sencillo, si algo te hace imaginarte ahí, si mueve tus sentimientos y te gusta lo que tu mente es capaz de ver…ahí lo tienes.

Aitor era el novio más guapo de todos los que he visto, quizá no puedo ser objetiva, no obstante aunque hubiese ido menos guapo me hubiese casado con el…su mundo interior le da millones de vueltas al exterior.

Traje a medida de Sastrería Foraster, relativamente recién estrenada en Valencia pero con historia y renombre en Bilbao. El chaleco también a medida en la misma sastrería, solo que el llevó la tela, uso ese verde mint tan delicado y que tanto destacaba. El quería distinguirse y se ayudo de la pajarita con print de pavo real de Sagrado Desing y los zapatos.

Los zapatos era lo único que ambos sabíamos de antemano el uno del otro. En un viaje a madrid fuimos a la calle Claudio Coello , el me ayudó a elegir los míos en Saló Madrid y yo a el los suyos de Carmina Shoesmaker.

Los gemelos con su inicial, unas piezas que hizo una buena amiga que ademas hizo mi corona y muchas de las pamelas de las invitadas más elegantes que asistieron a la boda.

Yo tenía muchas ganas de una boda por la mañana, me parece que las mujeres suele recurrir a looks más elegantes, se lucen más, me apetecía mujeres guapísimas, bonitas y que el día se aprovechara entero. Te levantas, te preparas y “al toro” de la otra forma los nervios te comen hasta llegar la tarde.

La fecha también era perfecta para una boda diurna. Teníamos día y parte de noche pues oscureció sobre las 6 de la tarde. La mañana empezó con la puesta a punto de ambos, papis, hermanos, cuñados, tíos y tras ello la llegada de los fotógrafos a las respectivas casas.

Queríamos transportar a toda la gente que quisiera sin necesidad de que cogieran coche así que los citamos cerca de mi casa por lo que casi todo el mundo estaba esperándome en la puerta. Como manda la tradicional en Valencia, sonó la traca y  salí del patio del brazo de mi padre. Pelos de gallina, imaginad la emocionó de ver a todos esperando, amigos, tíos, sobrinos, vecinos y falleros requeteguapísimos y aplaudiendo a tu paso diciéndote cosas bonitas, fue super especial.

Me esperaba un Wolsvagen escarabajo en color azul claro del que me había enamorado meses antes pues pasaba muchos días por el escaparate y desde que se me ocurrió ya no podía imaginarme llegando con otro coche a la Masía.

Habíamos previsto hacer la ceremonia en el patio que es maravilloso. Circunstancias, ese día llovió por lo que enseguida el equipo decidió trasladar la ceremonia dentro de la Masía.

Cuando yo llegué a la masía ya no llovía, me asusté pues no vi el patio montado. Habían movido todo a una de las estancias interiores de la Masía, preciosa por cierto, con una iluminación muy acogedora y una sensación muy familiar. Me gustaría que hubiesen cabido todos los invitados, pero eramos más de docientos cosa que resultó difícil. Pero es cierto que la ceremonia gano en calidez, resultó muy intima y quedó especial. También quisimos contar con un trío de cuerda (Ursula Segarra) que ya al escucharlos te traslada a otro mundo.

Pero hay algo que aún queda latente, lo que contribuyó a tal éxito fue el ceremoniante, Carlos Gil. Nos conoce desde siempre, ha sido testigo de nuestro camino, vio como pasamos de amigos a novios y hemos compartido tantos ratos buenos y malos entre los tres que él era el mejor candidato, un testigo real. Sumamos que el es esa persona que todo lo que toca lo convierte en perfecto, con un sentido del humor y responsabilidad brillante. Lo que deseábamos no solo lo hizo realidad, el fue más allá.

Aitor y yo teníamos claro que no queríamos iglesia, pero no restar importancia a un acto que teníamos la total libertad de hacerlo especial y con la misma importancia que el rito religioso, incluso con la posibilidad de hacer algo muy bonito. Se lo trasladamos a Carlos, partimos de un guión de ceremonia básico y el se encargó de hacerlo tal como sabíamos que lo haría, extraordinario. Quiso entrevistarnos para saber la versión de cada uno sobre nuestra historia y así el trasladar a quien desconocía nuestra historia de amor. Nosotros queríamos hablar antes de empezar la ceremonia y presentarle.

El nos sorprendió con cosas que no esperábamos. El momento de las arras por ejemplo, lo transformó en un recipiente donde íbamos mezclando piedras y arena que simbolizaban personas y vínculos de nuestras vidas que pasaban a ser uno, incluso un representante de cada grupo de amigos desfiló con una piedra hasta meterla en el recipiente en señal de unión en nuestras vidas.

Ya convertidos en marido y mujer nos dirigimos al momento arroz, y lo mejor, los abrazos y besos con todos los invitados que te traspasan las buenas vibras y alegría del día que es. Para mí fue un momento precioso.

De ahí al cocktail, que apostamos por música de covers para dar un ambiente propicio a que la gente charlase y comiera tranquilamente. Optamos por servir ibéricos y Jamón que sabíamos iba a gustar y como no, tratándose de familias de la mancha no podía faltar el queso Manchego del pueblo de Aitor (Santa María del Campo Rus) y considerado uno de los mejores.

La entrada al convite estaba clara que queríamos que fuera cañera, divertida y que la gente se viniera arriba. Pedimos al Dj que nos pudiera What I did for Love de David Guetta, un temon con el que no quedó nadie sentando. Yo me divertí mucho y fue genial que la gente se volcara.

Por otro lado, entregamos dos ramos. Uno fue para una pareja de amigos que queremos mucho, Victor y Keyla, el otro para la hermana de Aitor, Irina y su novio, Abel. No queríamos desaprovechar la ocasión del momento tarta para entregar los novios a Carlos (el ceremoniante) y su chica, Lore que se portaron genial. A los seis se les quiere la vida, esa gente imprescindible y que alegra el alma al verlos.

Para mi si hay un momento que emociona en las bodas es cuando los novios bailan! Me encanta cuando se han preparado algo y lo disfrutan, es maravilloso. Aitor y yo estamos acostumbrados a bailar juntos en la falla, a los dos nos gusta, lo teniamos fácil, además llevamos un par de años bailando salsa y quisimos tirar por ahí. Lost on you de los cubaneros fue nuestra elección, y pese con poca preparación lo dimos todo y lo pasamos genial.

Elegimos a Audioprobe como proveedor y se encargaron de audio tanto en la ceremonia como en el fin de fiesta. Además Aitor y yo hicimos un photocall que reproducía una fachada de casa manchega como guiño a nuestros orígenes. Y una fotógrafa se encargó de inmortalizar.

Aitor quiso sorprendernos a todos contratando a un saxofonista que hizo varios pases y llevó a la gente arriba.

De resopon servimos una barbacoa que alivio el estomago de todo el que aguantó y sobre la 1 de la mañana terminó el día más bonito de nuestras vidas. Nunca las horas se me habían pasado con tal inmediatez, mi única pega, pasó todo taaan rápido que quisiera que se repitiera mañana mismo. La conclusión, podría casarme cada día de mi vida con el y como lo hicimos.

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